Publicado el 06:25 p.m. en Music | Enlace permanente | Comentarios (0) | TrackBack (0)
Lo que más me gustaba de la escuela era una caja que se llamaba Coin Lecture (rincón de lectura). Estaba llena de cuentos y preguntas.
Lo genial que tenía es que los cuentos estaban clasificados por nivel de dificultad, aunque yo no sabía que quería decir la compresión lectora. Si tenía tiempo libre (por ejemplo si terminaba un trabajo antes de tiempo) podía agarrar un cuento, leerlo y contestar el cuestionario.
Las preguntas eran como una segunda lectura del cuento, me hacían ver cosas nuevas y pensar en alternativas. La dificultad era por colores y me encantaba poder pasar al color siguiente.
Yo controlaba su uso y me divertía un montón. Era lo que más me gustaba de la escuela junto con escribir redacciones.
Era una caja de plástico llena de papeles y me cambió la vida.
Publicado el 08:37 p.m. en Books | Enlace permanente | Comentarios (0) | TrackBack (0)
A cada vuelta de calesita le llamamos año.
Nos subimos desconfiados, elegimos un caballo que parezca mansito y de pronto arranca la música y salimos al galope sobre el tocadiscos gigante.
Gira rápido y marea y tenemos que agarrarnos fuerte a la madera que nos mantiene a flote.
Gira rápido y marea pero sabemos que en algún momento, entre mil caras movidas, están las sonrisas queridas.
Estén o no estén, siempre están. Papá con la cámara. Mamá saludando. Mi hermana, beba, aúpa. Qué jóvencitos que están todos.
Y eso nos saca el miedo y nos anima dar una vueltita más.
Rueda rueda crecemos, todos fuerte de la mano, crecemos y cada coscorrón duele menos.
En cada vuelta crecemos porque siempre la vida nos regala el vuelto.
En cada vuelta aprendemos, buscándole la vuelta al mundo entero.
Girar, girar, girar, mientras dure la música. En eso consiste el juego.
(feliz Dosmilcrece para todos)
Publicado el 12:03 p.m. en Books, diseño, Film | Enlace permanente | Comentarios (1) | TrackBack (0)
Publicado el 12:23 p.m. en Current Affairs | Enlace permanente | Comentarios (0) | TrackBack (0)
El sábado decidí ir al cine a ver la de James Bond. Luego de algunos problemas técnicos saqué entrada por Internet para verla en el cine del Shopping de Punta Carretas. Cuando llego al lugar, se me acerca un guardia de seguridad y me dice que no puedo entrar de gorra. Me lo dijo de bastante buena manera, aunque seguramente desconociendo que la gorra mía es de nacimiento y que solo se puede remover quirúrgicamente.
Me quedé duro por lo inesperado del pedido. Ya había escuchado que a veces no dejaban entrar a los planchas, pero yo soy un empresario oligarca y nosotros tenemos derechos! Probé a decir que me sacaría la gorra pero además me sacaría los pantalones. El guardia se ve que no entendió el chiste, aunque admito que de haber tenido un amigo conmigo con un celular, capaz que me animaba a entrar de zolcillonca. Era un Polo Ralph Lauren que compré en New York, así que seguro hubiera estado a tono.
El guardia no fue amenazador ni nada. Me ofreció que me pusiera la visera para atrás, pero yo le expliqué que mi look era Nerd Chic y no Rapero Blanco de Connecticut. Pensé que el guardia, si había trabajado de security en Lúmina, entendería de tendencias, pero me equivoqué.
Luego me dijo que lo estaban viendo por cámaras y que si yo entraba de gorra le ponían 5 días de suspensión. Ahí me dio cosita, porque en este país laburo es sagrado, por más que sea de cancerbero orwelliano. Entonces le hice una propuesta: "Me saco la gorra ahora, así tus Grandes Hermanos ven que hiciste tu trabajo, pero en el momento en el que entro al Shopping, me la pongo de nuevo". Dicho y hecho. Muy Salomónico lo mío. Por suerte Salomón no usaba visera.
Una vez dentro, me entré a imaginar la angustia de los que me miraban las cámaras de seguridad, porque no me podían identificar! Deberían estar desesperados, pobres. Ellos tienen una base de datos de peladas y entradas (incipientes, avanzadas). Es como una huella digital aérea. Seguro que se sintieron re-inseguros. Capaz que habría que ponerle un número a las gorras, tipo matrícula, así saben quién es quién.
Igual, los que digan que yo usaba la gorra para ocultarme son unos bananas: yo era el único hombre de 40 años en todo el Shopping con una campera de Ben 10.
Hablando en tono más serio, hay problemas infinitamente más graves de discriminación en nuestro país que este. No le pido a nadie que se rasgue las vestiduras por mi. Pero usar la tecnología (cámaras) como excusa para nuestra seguridad es una de las mentiras más antiguas de los sistemas opresivos. Basta con ver la parodia infame de seguridad en los aeropuertos, donde el agua y los biberones se transformaron en armas de destrucción masiva.
Yo entiendo que a los pequeños y grandes burgueses no les guste codearse con jóvenes pobres. A mí tampoco me gusta porque escuchan unas músicas horribles. Pero lo hago en la calle, lo hago en el ómnibus, lo hago en mi barrio, de la misma manera que convivo con otra gente mucho más problemática que no es ni joven ni pobre.
La seguridad es importante pero también es importante respetar nuestros derechos básicos. Tenemos el buen antecedente de haber transformado una cárcel en un lindo espacio público. Deberíamos intentar seguir por ese camino en vez de tomar el opuesto.
Publicado el 01:23 p.m. en Estado de Malestar | Enlace permanente | Comentarios (7) | TrackBack (0)
Desde hace mucho tiempo quería tomarme un sabático para hacer cosas nuevas (especialmente escribir y dedicarme más a temas de educación, algo que cada día me apasiona más). Finalmente, ya es oficial y se los puedo contar: luego de 10 maravillosos años hoy viernes es el último día de Powerful Robot Games. En lo personal, pienso continuar haciendo videojuegos, pero el tiempo dirá cómo y donde. En lo inmediato, es tiempo de tomarme unas buenas vacaciones.
Quiero agradecer a cada uno de los trabajaron en Powerful durante estos 10 años, por animarse a hacer lo imposible y por lograr lo increíble. Y en especial, a mi socia, Sofía Battegazzore, por ser la mejor compañera de juegos: brillante y, sobre todo, divertida.
Voy a extrañar a Powerful, pero sé que luego de cada Game Over siempre hay un botón de Play Again. Estoy feliz por todo lo que logramos en estos años pero hay una cosa de la cual estoy particularmente orgulloso y es no haber traicionado nunca mi sueño de infancia. Desde niño quise hacer videojuegos pero me tocó nacer en un país donde supuestamente era imposible hacerlo. Ahora sabemos que no era imposible: era difícil nomás.
Agradecemos a todos por lo aprendido, por lo logrado y por la diversión! Los robots poderosos dicen chau y abren la puerta para ir a jugar!
Publicado el 04:25 p.m. en diseño | Enlace permanente | Comentarios (2) | TrackBack (0)
Last week, Lilian Horowitz passed away. She was 104 years old. I never met her personally, but over the years I got to know her through the –always hilarious– stories and anecdotes that her daughter Janet. I also got to read her letters to the Palm Beach Post, were she fiercely denounced the crimes of the Bush Administration, showing the world that there's no age for fighting for what is right. Lilian's biggest achievement was not to live for 104 years but to live each one of them to the fullest, raising up my amazing teacher, and touching the lives of people who, like me, lived thousands of miles away from her native New York City. She'll be deeply missed.
La semana pasada, falleció Lilian Horowitz. Tenía 104 años. Nunca la conocí personalmente, pero durante varios años los divertidos cuentos y anécdotas de su hija Janet me acercaron a esta persona increíble. También pude leer sus cartas al Palm Beach Post, donde denunció con fiereza los crímenes de la administración Bush, enseñandonos que no hay edad para pelear por lo que es justo. El mayor logro de Lilian no fue vivir más de un siglo, sino vivir cada año con pasión, criando a mi maravillosa maestra Janet e influyendo en la vida de gente que, como yo, vive a miles de quilómetros de Nueva York, la ciudad donde nació. La vamos a extrañar mucho.
Publicado el 04:39 p.m. en Music | Enlace permanente | Comentarios (1) | TrackBack (0)
Todos sabemos hacer avioncitos de papel. Ray Bradbury usaba el papel para construir cohetes. Naves espaciales para llevarnos lo más lejos posible. Pero Ray sabía que lo más lejos posible nunca es una galaxia ni un planeta. Lo más lejos posible es el dolor y la ternura de la infancia.
Hoy llueve en Marte, hace frío y el pasto azul tiembla por el viento.
Publicado el 12:39 p.m. en Current Affairs | Enlace permanente | Comentarios (2) | TrackBack (0)
(versión actualizada en honor a un nuevo invento nacional :P
Cual un trapo por el suelo, por el suelo
La vendimos por un gol, por un gol
Transformamos en aviso
la bandera bicolor.
Nos consume la avaricia, la avaricia
Nos anima el facturar, el facturar
Pronto jingles sin historia
al himno reemplazarán.
Era bella mi bandera, mi bandera
Era algo para unir, para unir
No queda nada sagrado,
a dónde va mi país?
Sólo importan las fortunas, las fortunas
ya perdimos el honor, el honor
Al manchar nuestra bandera
con logos de sponsors.
Al manchar nuestra bandera
con logos de sponsors.
(letra de @frascafrasca, título de @etchart_martin, música de notengoidea)
Publicado el 11:22 a.m. en diseño | Enlace permanente | Comentarios (4) | TrackBack (0)
En 1981 yo tenía 9 años y Uruguay estaba gobernado por soldados. Un día mi padre me hizo una pregunta muy pero muy rara. “Gonzalo”, me preguntó, “¿a vos te asustan las caras que se derriten?”
En 1981 mucha gente, entre ellos mi tía, vivían clandestinos, escondidos y disfrazados. Yo no lo entendía muy bien, pero lo adivinaba. Mi querida y aristocrática abuela alojaba en su comedor de Pocitos reuniones secretas de los barbudos afeitados de la Juventud Comunista. Llegaban de a uno, con contraseñas, pelucas y sombreros y mi abuela sólo los interrumpía para servirles el té con masitas.
En 1981 mi padre se la jugó, seguramente alentado por mi valiente respuesta de no temer a los rostros derretidos. Yo no tenía idea de por qué me preguntaba eso, pero incluso con 9 años sabía que no podía defraudarlo. Me disfrazó, como los espías y salimos juntos a la aventura, a desafiar a la autoridad o algo así.
En 1981 los cines tenían porteros. No eran veinteañeros torpes, como ahora, sino señores con trayectoria, como los mozos veteranos que te atienden cuando ellos quieren. Todos los sistemas opresivos dan poder a quienes no lo merecen. Los porteros de los cines eran los encargados de que se respetara la censura, para que los niños como yo no vieran mujeres desnudas o cosas peligrosas.
En 1981 la tele era blanco y negro y también tenía censura. En la esquina superior derecha los programas tenían una, dos o tres rayas. Una raya significaba que era un programa para toda la familia. Las películas con tres rayas eran para mayores de 18 años y estaban prohibidísimas. Una vez estábamos viendo un programa de Cousteau en Canal 10 y aparece, nadando en el fondo del mar, una raya. “Apta todo público” dije y mi padre largó la carcajada. Desde entonces y hasta hoy mismo, mucho de lo que digo y hago busca desesperadamente lograr una risa limpia y orgullosa como la de esa noche. Pero ese es otro cuento.
En 1981 mi padre, además de subversivo, era actor de teatro. Por eso sabía trucos. Nuestra misión era lograr entrar al cine a ver una película “No apta menores de 12 años”. Si decidíamos aceptarla, teníamos que convencer al portero que yo había nacido tres años antes. Para lograrlo, papá me disfrazó. Me rellenó como con tres buzos, me peinó raro y me puso unos lentes sin cristales. “Hacen parecer mayor”, me dijo.
En 1981, a pesar de mi disfraz, el portero del Proceso, represor e imperialista, no nos dejó entrar a ver “Indiana Jones”. Papá ya la había visto antes y le gustó tanto, pero tanto, que quizo llevarme, para verla de nuevo, sí, pero también porque se imaginó que me encantaría. Y tenía razón. Especialmente porque el Doctor Jones era arqueólogo, que era lo que yo quería ser cuando fuera grande, para encontrar dinosaurios. Me entrenaba en el fondo de casa, donde antes estaba el gallinero, y encontraba huesos de pollo que eran de Pterodáctilos y Brontosaurios.
Por suerte, en 1981, todavía quedaban muchos cines. Los revolucionarios no perdíamos la compostura jamás, así que nos tomamos un ómnibus y probamos suerte con otro portero, menos alcahuete de los milicos, seguramente un compañero, que nos dejó entrar, a mi papá, a mí y a mis lentes de 12 años.
Era 1981 pero en la pantalla era 1936. Indiana Jones peleaba contra los soldados Nazis que eran muy malos. Todos querían una caja mágica donde estaban los 10 mandamientos, que eran unas leyes viejas y muy importantes. Me encantó la película. A mi papá también, y eso que era la segunda vez que la miraba. Ese día logré mirar lo prohibido y tuve que crecer tres años de golpe. Eso sí, en la parte en que a los Nazis se les derriten las caras, me asusté bastante.
Publicado el 10:52 a.m. en Film | Enlace permanente | Comentarios (4) | TrackBack (0)